La normalización de relaciones con Estados Unidos abrió una ventana económica que Venezuela no veía desde hace casi una década. La reactivación de operaciones petroleras y el regreso de la conectividad comercial generaron un optimismo prudente entre empresarios y analistas. La pregunta de fondo es si se trata de un giro estructural o de un rebote pasajero.

Lo que mejora

El sector hidrocarburos es el primer beneficiado. La posibilidad de vender crudo en mercados antes vetados aporta divisas y oxígeno a las cuentas públicas. La logística aérea y portuaria, paralizada durante años, comienza a recomponerse, lo que reduce costos para la importación de insumos y bienes de capital.

Sin instituciones predecibles y reglas estables, el capital llega de visita, no a quedarse.

Lo que sigue pendiente

Los economistas consultados coinciden en que el dinero fresco, por sí solo, no resuelve los problemas de fondo: una infraestructura deteriorada, un aparato productivo contraído y años de fuga de talento. La inflación, aunque desacelerada respecto a sus picos históricos, sigue erosionando el ingreso de los hogares.

El riesgo, advierten, es que la recuperación se concentre en unos pocos sectores ligados a la renta petrolera y deje atrás al grueso de la población. Sin reformas que den seguridad jurídica y reactiven el crédito, el repunte podría parecerse más a un alivio temporal que a un cambio de ciclo.