La reactivación del comercio petrolero entre Venezuela y Estados Unidos dio uno de sus primeros resultados concretos: las ventas bilaterales superaron, según los reportes disponibles, los 1.000 millones de dólares en los meses iniciales de la normalización. Para una economía golpeada por años de contracción, la cifra representa un balón de oxígeno.
Divisas que regresan
El crudo sigue siendo el corazón de la economía venezolana. La posibilidad de colocarlo en mercados antes vetados aporta ingresos en moneda dura, indispensables para importaciones, pago de compromisos y estabilización cambiaria. El sector, durante años operando muy por debajo de su capacidad, busca recuperar terreno.
El petróleo puede financiar la recuperación, pero no sustituye a las reformas que la hacen durar.
La vieja tentación
Los economistas advierten sobre el riesgo de repetir un patrón conocido: que la bonanza petrolera relaje la urgencia de diversificar la economía. La historia venezolana está marcada por ciclos de auge y caída atados al precio del crudo.
El desafío, coinciden, es usar estos ingresos para reconstruir infraestructura, sanear las cuentas públicas y crear condiciones para la inversión productiva. De lo contrario, el repunte petrolero podría convertirse, una vez más, en una oportunidad desaprovechada.


